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Antecedentes del Travestismo

Reminiscencias de lo prohibido en la historia humana

El travestismo; tema difícil de abordar debido a las implicancias sociales y culturales que conlleva, por lo que resulta importante antes que nada, analizar el significado propio de este término así como sus orígenes. El travestismo es la palabra con la que normalmente se le designa a la práctica que determina la adopción de las formas de vestir del sexo opuesto, aunque esto no signifique necesariamente la no identificación de un individuo con su propio género. El travestismo se da en ambos sexos, pero es más común verlo entre hombres que en mujeres. El origen del travestismo es incierto, su gestación histórica ha sido difícil de determinar por psicoanalistas e historiadores, ya que este fenómeno, comúnmente se realiza en íntima soledad. De aquí el problema de determinar con exactitud sus antecedentes, lugares y tiempos con los que se ha manifestado en la historia. Resulta difícil imaginar al hombre antiguo prefiriendo usar una prenda de suave piel de ardilla en lugar de una de oso o tigre, con el único propósito de sentir algún tipo de identificación sexual con el género opuesto, pero considerando el desarrollo y evolución de nuestra especie a través de los siglos, es lógico pensar que dicho fenómeno tuvo que haber surgido en algún momento y a partir de ahí, evolucionar paralelamente a nuestro desarrollo social.

Los primeros datos históricos más próximos al concepto del travestismo provienen de la cultura griega. Andrógine, era un ser mitológico cuyas características de fuerza eran masculinas pero con increíble belleza femenina. Los griegos lo representaban como un joven de hermosa figura, senos femeninos y de larga cabellera. Este heroico personaje de características únicas, formaba parte de las historias de la Grecia antigua, el cual, por su belleza, influyó grandemente en las distintas áreas de las bellas artes, denotándose como un estereotipo de belleza en la pintura y la escultura. En la Grecia Clásica, era loable aquel hombre cuyas características físicas fueran femeninas ya que se decía que su hermosura la proveían los Dioses del Olimpo como muestra de la belleza y la fortaleza que debía caracterizar a la cultura Griega. En la Grecia Helénica, muchos de estos individuos, se empleaban como actores en el teatro griego. Si bien en este teatro, comúnmente se empleaba la máscara (que significa persona en latín) como recurso de caracterización y símbolo para la personificación; en lo referente a la representación de entidades femeninas, se implementaba el maquillaje complementado con la indumentaria adecuada para caracterizar a Diosas y Heroínas de la mitología, tales como Afrodita, Hera o las Musas, Estos papeles actorales se encomendaban a hombres travestidos ya que el desempeño de las mujeres en el teatro griego era restringido. Estos actores representaban a dichos personajes llegando a imitar muy bien no sólo el vestir femenino, sino también la forma de hablar y caminar de las mujeres; es por eso que mientras mayores características femeninas tuviera un hombre, mayores posibilidades tenía de representar a la perfección papeles tan importantes y determinantes dentro del teatro Griego, ya que este era concebido como un recurso el cual permitía llevar a pueblos lejanos la semilla de la cultura Griega, por lo que plazas y anfiteatros formaban parte inherente de la arquitectura griega.

Posteriormente, el imperio Romano adoptó casi en su totalidad muchas de las costumbres y tradiciones de los Griegos tanto en lo social como en lo cultural y en lo religioso. Después de los caminos y los edificios; los anfiteatros son elementos arquitectónicos característicos de la cultura Romana. Dentro de ellos, el teatro Romano, continuó con la tradición de llevar al rincón más apartado de los pueblos ocupados, los principios y fundamentos que edificaban y engrandecían al Imperio Romano. Se trataba de adoctrinar a las culturas extranjeras con epopeyas que relataban historias triunfalistas de los Emperadores Romanos en lejanas tierras. Al igual que el Teatro Griego, los Romanos mantuvieron la tradición de emplear a hombres travestidos. Se tiene registrado en algunos frescos de Pompeya, que los más femeninos de éstos actores, fuera de escena, ofrecían servicios de compañía a aquellos soldados que quisieran disfrutar de placeres femeninos sin el riesgo de contraer enfermedades como la sífilis o la gonorrea, que en aquella época resultaban ser incurables y muchas de las veces mortales. Se decía que algunos gobernadores contrataban de tiempo completo a los más bellos para que fungieran como damas de compañía, ya que no confiaban en el silencio de una mujer, evitando así que fluyera información importante entre la cúpula gobernante y la militar. Es por ello que los antecedentes históricos del travestismo antes del cristianismo se manifestaba de una forma muy sana y abierta a la sociedad. La imagen del travestista era privilegiada y respetada, era un símbolo que representaba lo mejor de los dos mundos, la fuerza, coraje y valentía del Dios Marte y la feminidad, belleza y delicadeza de la Diosa Venus.

Publio Elio Adriano, fue uno de los emperadores más cultos del antiguo Imperio Romano; promotor y mecenas de Roma y de las provincias de toda Europa y el Norte de África. Ocupó varios cargos civiles y militares. Participó en varias campañas, siendo la más famosa, la que enfrentó ante los Bárbaros en Europa Occidental. Adriano era un hombre casado, pero se dice que al estar en Cartago conoció a Antínoo un hermoso joven que desde entonces sería el compañero inseparable del Emperador. Los antiguos Romanos no veían con desprecio el homosexualismo, de hecho, muchos senadores de la Republica Romana se hacían acompañar por jóvenes que guardaban bellos rasgos femeninos, los cuales procuraban travestirse afeminadamente con el propósito de simbolizar la función femenina en dicha relación, pues el prejuicio radicaba en que el lacayo no fungiera como el "hombre" en la intimidad sino como la “mujer”. La historia registra que Antínoo siempre se mantuvo al lado de su amado Emperador tanto en lo buenos como en los malos momentos, hasta que en una de las campañas militares de Adriano por las Isla Griega de Zante, Antínoo cayó accidentalmente de la embarcación en la que era transportado ahogándose inmediatamente sin que nadie pudiera auxiliarle. Inmediatamente de su deceso, Adriano lo lloró y deificó, honrando su memoria construyendo edificios, esculturas y plazas en varias provincias de la República Romana, haciendo latente el romanticismo que siempre caracterizó a este grandioso emperador Romano.

El periodo Grecorromano culminó con la caída del Imperio Romano en el año 476 de nuestra era. Poco a poco el predominio de la Iglesia sobre el Estado se fue edificando, ésta, adoptó la responsabilidad de dirigir el sentido de la sociedad en todos los aspectos, siendo uno de estos el de rechazar cualquier indicio de las antiguas culturas politeístas. Empezar por el año cero, persiguiendo y penalizando a todo aquel que se aferrara a dichas costumbres y tradiciones paganas, generando con ello una época de oscurantismo y retraso en lo social, lo tecnológico y lo cultural, por lo que resulta difícil encontrar datos que revelen más acerca de esta actividad en dicha época. La Iglesia empezó incriminando a aquellos actores que continuaban transmitiendo el tradicional teatro clásico Griego; posteriormente satanizó a quiénes gustaban de vestir ropas ajenas a sus costumbres, y terminó castigando con el encierro, tormentos o exorcismos a aquellos que vistieran ropas femeninas adjudicándole al travestismo el término de “Enfermedad” o en el mejor de los casos nombrándola peyorativamente como "Dolencia del alma". Así es como el travestismo, en poco tiempo adquirió el denominativo de vergonzosa tradición pagana, sentido que hasta hoy en día ha persistido. A partir de entonces dicho transformismo, se empezó a practicar en privacia y soledad, como si fuera un pecado más el cual debe ser erradicado de la sociedad.

Hasta este periodo de la historia, nadie había podido precisar más acerca de esta actividad, Ya entrados en la contrarrevolución social representada históricamente por el Renacimiento, los primeros investigadores y científicos adjudicaban dicha “Enfermedad” a causas patológicas, llegando a calificarla como “Fenómeno”, “Mal”, “Transtorno”, etc. Desde ese momento, aún al margen de la iglesia, al “Paciente” se le realizaban las primeras “curaciones”, las cuales, consistían en la implementación de sangrías por medio de sanguijuelas, con el propósito de extirpar la sangre envenenada. Algunos otros, realizaban trepanaciones “post mortem” para averiguar que era lo que ocasionaba aquella disfunción del género y otros realizaban disecciones completas de los órganos reproductores para averiguar si era ahí donde provenía aquel “extraño mal”. Más tarde, cerca del periodo del “Iluminismo”; los primeros psicoanalistas, llamados científicos sociales en aquel entonces, propusieron que este fenómeno junto con el homosexualismo eran “problemas” de carácter mental y no físico; asumían que ambos eran un síntoma del fracaso en la socialización del individuo con su género; todos coincidían en que se requería de “tratamiento” ya que la persona experimentaba conflictos en su vida social.

Desde el Renacimiento, no existió registro alguno que abordara el tema del travestismo. Sino hasta a inicios del siglo XVIII que se tienen datos históricos del llamado caballero D´Éon. Charles d´Éon nacido en Paris en 1728, hijo de familia educada y acomodada. Fue el único varón de entre varias hermanas. Desde su infancia se vio fascinado por la ropa femenina, además de que su Madre lo alentó a vestirse como mujer. Durante su adultez llega a ser un importante oficial de Ejército Imperial Francés. Es uno de los primeros militares en acuñar el término de Inteligencia militar al ser encomendado por el mismo Rey Luis XV a misiones de espionaje en Austria y Polonia. Lugares en donde sacó provecho de sus dotes al travestismo ya que siempre fue conocida como mujer, lo que le permitió infiltrarse sin que nadie notara su verdadera identidad. Pasó la mitad de su vida en Inglaterra, hasta su muerte en 1810 en donde siempre realizó actividades en el papel de mujer a tal grado que no fue sino hasta su muerte, que se determinó oficialmente que era hombre. Durante su vida tuvo innumerables amantes, todas mujeres, por lo que se puede suponer que Charles d´Éon fue el primer “travestí heterosexual” que registra la historia. Desde entonces varios especialistas de mediados del siglo pasado acuñaron la palabra eonismo para definir al travestismo.

En la Inglaterra Victoriana (1819-1901). La propia Reina Alejandrina Victoria I se caracterizó por una moralidad profundamente conservadora. Popularizó varios métodos para encausar la “Integridad Inglesa” a las familias de la clase media que iba en ascenso. Entre dichos métodos, sobresalía aquel que consistía en someter a los niños traviesos vistiéndolos con ropas de niña para humillarlos. Este castigo resultaba ser muy efectivo, pues el machismo de la época provocaba que un niño no deseara volver a pasar por tal deshonra. A este castigo se le denominó “Petticoat Dicipline”, que significa “La Disciplina de las enaguas”. Hay que recordar que la Reina Victoria era una mujer que le importaba mucho las buenas costumbres y el decoro de las personas, por esa razón ella era una de las principales promotoras de los castigos ejemplares. En países de ascendencia anglosajona como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, se adoptó la costumbre en algunos colegios de sentar a los niños traviesos con las niñas. Esta costumbre se logró infiltrar de una forma u otra a España, en donde el término de “travestirse” se relacionaba popularmente con el de “travesura “o “travieso”, pero el origen del término proviene realmente del italiano "travestito". Dicho término puede encontrarse hoy en día escrito como “Transvestí” o “Trasvestí”, pero la Real Academia de la Lengua Española autoriza la supresión tanto de la “n” como de la “s”, siendo normal y acertado escribir dicha palabra como “Travesti” o “Travestista”.en donde se conjuga la preposición latina inseparable de “trans”, que significa “del otro lado o el lado opuesto” y el de “vestito” que asigna el término en latín de “vestido o vestimenta”. En conjunción se formula el concepto de “Transformado con un vestido o vestimenta”. Es, en efecto, un sinónimo de disfrazado para parecer y sentirse con otra personalidad.

Este método conservador aunque aparentemente inocente implicó mayores consecuencias tanto en Inglaterra como en otros países del Imperio Británico. La disciplina victoriana quedó arraigada en los sectores populares de la Inglaterra en donde se adoptó la firme idea que al ponerle un atuendo femenino a un hombre era rebajarlo, sostenido que la mujer era inferior en todos los aspectos. Desgraciadamente esta ideología trascendió todos los niveles sociales generando varios movimientos sufragistas en pro de los derechos de la mujer. En 1897, varias mujeres se unieron para formar la Unión Nacional de Sociedades a favor del Sufragio de la Mujer. Una parte de sus miembros, Emmeline Pankhurst, estableció la Unión Social y Política de la Mujer. Sus tácticas iban desde el boicoteo, las bombas y la rotura de ventanas hasta el acoso de los legisladores antisufragistas. Muchos militantes de este movimiento eran hombres a los cuales se les adjudicaba términos despectivos como “Little womens” y por vez primera se empleo como peyorativo el término de “Transexual” con el propósito de hacer patente la traición asestada a su sexo por su aparente cambio de bando a favor del feminismo. Ya entrado el siglo XX este tipo de movimientos liberales, se manifestaron por todo el mundo, logrando cierta igualdad en los derechos de la mujer, obteniendo desde ese momento mayor presencia en las decisiones públicas, sociales y políticas como nunca antes en la historia. La imagen de mujer sumisa característico del conservadurismo victoriano se vio modificada de forma radical. La mujer moderna debía mantener su cabello recortado por encima de los hombros, mostrar su radicalismo mediante pequeños y sutiles vestidos que dejaban a la vista sus piernas hasta las rodillas, algo nunca antes visto en la indumentaria femenina, algo que más tarde orillará al uso de las medias de seda. Finalmente su rebeldía debía acentuarla a través de exagerados maquillajes y ostentosa joyería. Todo lo anterior simbolizaría la nueva imagen de la mujer moderna. Algunos sociólogos proponen la teoría de que este acercamiento bien pudo fluir se forma inversa y proporcional.

Pues paralelamente tanto en América como en Europa se manifestaba la aparición del denominado tercer género. Concepto que algunas culturas muy ajenas a las occidentales ya implementaban desde la antigüedad por lo que guardan menos prejuicios que las culturas occidentales. Culturas como la India han practicado el llamado bardaje masculino desde hace 2000 años, el bordaje permite al hombre adquirir tanto los derechos como las obligaciones de su esposa desde que ella entra en trabajo de parto. Este ritual de nacimiento de un niño, se realiza con el único propósito de liberar a la Madre de ciertas obligaciones durante su recuperación de parto. En Japón, después de 600 años, continúa la larga tradición del Teatro Kabuki el cual, debido a su naturaleza erótica asociada con él, fue prohibida la aparición de mujeres sobre el escenario dejando los papeles femeninos encomendados a los hombres. Durante el s.XX los constantes conflictos entre oriente y occidente desembocaron en una irreversible influencia de tradiciones. En la década de los sesentas, en sonado caso del amor de Bernard Boursicot, un empleado de la embajada francesa en Pekín, atraído por la increíble belleza de Shi Pei Pu, hombre que representaba papeles femeninos (entre ellos, la Madame Butterfly de Puccini) y que, según el propio Boursicot, “Shi Pei era mujer porque se creía mujer”. Desde entonces la manifestación del denominado tercer sexo se ha hecho evidente, tanto hombres como mujeres han tenido más que nunca la posibilidad de experimentar esta nueva dimensión de personalidad sexual.

Después de los movimientos sociales de los años 60´s, varias comunidades vieron la posibilidad de manifestar sus alternativas de pensamiento. A mediados de los 70´s, en San Francisco California surgió el movimiento LGBT cuyo propósito era el de dignificar a las comunidades lésbicas, gay, bisexual y transgénero de Norteamérica, En 1978 el artista Gilbert Baker diseñó una bandera cuyos colores: rojo, naranja, amarillo, verde, azul y morado, simbolizaran con orgullo la vida, la salud, el sol, la naturaleza, la armonía y el espíritu que identifican a las comunidades de la denominada “Revolución rosa”. Más tarde algunos grupos preocupados por el bienestar de dichas comunidades agregarían una franja más de color negro la cual simboliza al sida y funge como recordatorio de los riesgos de esta fatal enfermedad. Desde entonces de una u otra forma, se han dado diversas muestras de apertura a estas comunidades. Resulta importante mencionar el papel que los medios de comunicación han desempeñado para lograr esta apertura. La constante lluvia mediática sobre matrimonios entre individuos del mismo sexo, relaciones homosexuales entre artistas y los denominados “talk shows” y “reality shows” han influido tanto positiva como negativamente a este fenómeno.

En los albores del siglo XXI, La actitud prejuiciosa frente a los hombres que visten ropa femenina es simétrica a la que, a principios del siglo XX, consideraba inaceptable que las mujeres usasen pantalones. La razón principal, cercana en ciertos casos al tabú, es que el travestismo supera los límites impuestos por la sociedad entre los géneros femenino y masculino. En la actualidad, Algunos expertos en el tema coinciden en que el travestismo no es un transtorno o una enfermedad, sino que está más relacionada con el comportamiento de carácter sexual, el cual se expresa a través de la vestimenta o “Fetichismo”; otros consideran que el instinto erótico está orientado hacia la mujer, objeto de deseo del hombre, que, al no poder poseerla como sus fantasías sexuales lo exigen, la falta de participación por parte de la hembra en el rito sexual, restricciones morales, religiosas, sociales o por simple frigidez de la mujer, el hombre decide apropiarse de su imagen, para tratar de satisfacer sus deseos reprimidos, pero sin renunciar a su identidad sexual. Todo lo anterior, no parece esclarecer la razón por la cual algunos hombres sienten la necesidad de vestir ropas femeninas, a pesar de la censura social y de la creencia general de ser desviados sexuales. Muchos travestís han buscado ayuda profesional para cambiar su conducta, pero muy pocos "éxitos" han sido reportados a pesar del sincero deseo de cambio que ellos tienen para cambiar. Esta incapacidad de "tratar" a travestís implica que esto satisface una gama de necesidades psicológicas complejas, más que ser simplemente una disfunción sexual o la expresión de una sexualidad "desviada". Si esto fuera puramente un fetiche sexual, por ejemplo, un reacondicionamiento clásico debería ser efectivo, pero no lo es. Muchos travestís reportan que ellos experimentan diferentes razones en momentos diferentes, o una combinación de razones en ocasiones específicas. El amplio espectro de motivos nombrados a continuación, apoya la noción que el travestismo es una compleja interacción entre el comportamiento social centrado en el sexo o la sexualidad, no muy diferente al que busca un macho o una hembra dentro de un grupo social. Las siguientes variantes del transformismo exponen la complejidad a la que se enfrenta el travestista y al mismo tiempo la complejidad de su tratamiento ya que intervienen necesidades físicas y psicológicas a nivel individual y social.

1. Clasicismo.
Una de las variantes más conocidas y comunes del travestismo, se deriva directamente de la tradición griega de travestirse por necesidades de índole teatral para aparentar cierta feminidad. Esta tradición se ve modificada hoy en día y se manifiesta en el teatro contemporáneo dentro del género de la comedia, a diferencia del antiguo teatro Helénico, en donde los actores debían representar un papel femenino sin que se percibiera por parte del público alguna diferencia entre el rol del actor y una mujer real. Esta variante se fundamenta en una forma de arte que involucra parecer algo como lo que no es pero que se necesita ser. Este tipo de travestismo no está vinculada directamente con el deseo personal que tiene el individuo para “sentirse” mujer, sino directamente con el propósito de “parecer” mujer, aspecto muy relacionado al desarrollo actoral. Para su manifestación, se emplean habilidades que requieren de una gran gama de artes teatrales como el vestuario, el maquillaje, y la actuación, más el ojo de expertos que asisten al actor para la aplicación del color, textura y medidas. Algunos actores denominan al travestismo como un papel “interesante” dentro de sus carreras en el medio de la farándula o como un “reto” el cual les permitirá desenvolver otro aspecto distinto de la personalidad.

2. Fetichismo
Esta es la principal asociación en donde el individuo se estimula con prendas femeninas. Existen dos formas de manifestación Fetichista, la primera, se atribuye a la sensación táctil que estas ropas ofrecen al individuo, y la segunda por la connotación sexual que estás representan. La primera forma del Fetichismo se revela normalmente durante la infancia, en donde el niño, abierto todavía a la curiosidad y a la naturaleza de “sentir” las cosas, es atraído por la texturas y los colores característicos de estas prendas; donde eventualmente las termina vistiendo satisfaciendo su instinto de curiosidad. La segunda forma de manifestación, se da, cuando ellos comienzan a vestirse en esas ropas continuamente y que en determinado momento, normalmente durante su pubertad, ya adquiere una connotación que le provee satisfacción sexual, aunque éste no haya sido el intento original. Muchos hombres reportan que a través del Fetichismo han alcanzado niveles supremos de autosatisfacción sexual, actividad que los ha llevado a desarrollarse plenamente durante su pubertad. Algunos otros refieren que esta asociación apareció mucho mas tarde, debido al incumplimiento que la mujer a generado al tratar de realizar sus fantasías sexuales. Muchos travestis involucran dentro de sus sueños sexuales, el contacto físico con otras personas cuando ellos están vestidos. La mayor parte de las veces esta persona es mujer. Otros, que son heterosexuales en otras situaciones, fantasean con sexo con hombres, pero solo cuando ellos están vestidos de mujer. Algunos travestís tiene la suerte de que sus parejas les permitan estar vestidos mientras tienen sexo.

3. Personalidad oculta.
Esta es una de las facetas más complicadas de analizar y por ende más difíciles de comprender, puesto que en esta modalidad, el travesti mantiene su personalidad femenina casi totalmente reprimida, dejándola salir únicamente bajo condiciones muy específicas. Por desgracia quien experimenta este tipo de travestismo, difícilmente puede alcanzar una realización plena, pues reprime de igual forma tanto su rol masculino como su rol femenino. Pero por otra parte, algunos psicoanalistas tienen la teoría de que esta es la principal función de este modelo del travestismo, es decir, que la sensibilidad masculina alimente a la femenina y viceversa. Por ejemplo, experimentar este tipo de travestismo permite a algunos hombres la oportunidad de expresar partes ocultas de su personalidad que esta sociedad normalmente no acepta en hombres "masculinos". Mientras que características como la gentileza, la pasividad, y la sensibilidad emocional, no son exclusivamente representativas del género femenino, éstas se asocian por lo general con las mujeres; por lo que algunos hombres reportan la necesidad que sienten de ser expresivos, hermosos, pasivos, frágiles y glamorosos. El travestido por su parte, se siente más libre de expresar estas ideas solo cuando esta vestido de mujer, pues cuando porta su imagen de “hombre”, las reprime y oculta. Otro ejemplo resulta del sentimiento de “liberación” experimentado por algunos hombres, puesto que algunos travestís dicen que "se visten" cuando están sintiendo demasiada presión en su vida masculina. Para otros, el acto de usar ropas femeninas les permite "alejarse" de su masculinidad y de todo lo que la sociedad espera de ellos como hombres. Por último, otros más reportan que mientras ellos disfrutan de adoptar el rol masculino, el travestismo les da un refugio muy bienvenido. En conclusión, todos los motivos anteriores están más relacionados a características de personalidad escondidas que más directamente con algún tipo de satisfacción saxual.

4. Exhibicionismo.
El exhibicionismo travesti se define como la urgencia de aparecer en público en ropas femeninas. Para el travesti, el pasar por una mujer provee toda la satisfacción que él busca, pero con el exhibicionismo, “brinda” la oportunidad que algunos otros hombres buscan. Aunque frecuentemente el travestismo se realiza dentro de la intimidad del hogar, el exhibicionista busca la oportunidad de hacerlo fuera de casa y de experimentar nuevas sensaciones al salir a la calle. Esta variante, comienza a manifestarse de forma introvertida a la personalidad del individuo, pero conforme se atreve a realizarla y comúnmente a practicarla, finalmente se acostumbra a la exposición y empieza a exhibirse de manera más abierta y ostentosa. Aparecer en público en ropas de mujer ofrecen cierta "excitación" a algunos travestís, lo cual es en sí mismo motivo suficiente para vestirse. Estos hombres al salir a la calle, disfrutan el ser confundidos con mujeres, aunque esto trae consigo implicancias de vanidad, pues los travestís heterosexuales procuran que su apariencia femenina debe ser lo suficientemente buena como para atraer la atención de admiradores masculinos, lo que conlleva al perfeccionamiento tanto de su apariencia femenina como el de sus actitudes. Aunque un travesti normalmente no busca una relación sexual con otro individuo de su mismo genero, la modalidad del exhibicionismo le permite poco a poco acercarse a esa posibilidad, pues al estar expuesto abiertamente a la comunidad masculina y permitir su interacción, basta que él lo decida para que por primera vez obtenga su primera experiencia homosexual.

5. Transexualismo
Varios Psicólogos clínicos sostienen la hipótesis que el psique de cada hombre y cada mujer es andrógino de manera innata. Es decir, que tiene características de ambos sexos. A través de procesos culturales la mayoría de los niños crecen para ser hombres totalmente masculinos y la mayoría de las mujeres maduran a una total feminidad. De acuerdo a la hipótesis Andrógina, estas personas reconcilian el "residuo" de su género con las características del sexo opuesto a través de una variedad de medios "aceptables" como el travestismo. Pero para algunas otras este residuo es tan grande y su urgencia de expresar estas características es tan fuerte, que ellos desarrollan una disforia sexual que se manifiesta por la necesidad de cambiar su género anatómico o transexualismo. El transexualismo se caracteriza por ser la máxima expresión femenina que puede lograr el hombre. Esta transformación da inicio con terapias de acondicionamiento físico y psicológico, culminando con periódicas intervenciones quirúrgicas de carácter reconstructivo, funcional y estético. El acondicionamiento físico puede variar desde la inoculación de hormonas que otorgan al cuerpo características evidentemente femeninas para obtener una figura más curvilínea, tales como caderas más anchas, senos ligeramente desarrollados, piel más suave y reducción del pene. En una segunda etapa, la intervención quirúrgica se torna necesaria, realizando implantes en los senos haciéndolos más grandes y estéticos. La tercera etapa esta enfocada a la reconversión del pene en una vagina, tanto en lo estético como en lo funcional, y permitir que el individuo disfrute de su sexualidad sin ningún impedimento.

Cualquiera que sea el caso de todos los anteriores, el travestismo es un fenómeno que se manifiesta a través de la persona y la personalidad del individuo, es decir, que incumbe los dos valores del ser humano: lo carnal y lo espiritual. Por lo que cualquier violación a dichos valores, repercute en una comprensible penalización de la sociedad. Esto provoca que los travestís muchas de las veces estén orillados a vivir parte de su realidad de forma marginal, provocando generalmente sentimientos de culpabilidad en quiénes practican el travestismo, derivando de una u otra manera en distrofia de la personalidad. Este fenómeno permite a algunos psicoanalistas a “tratar” al travestido como un paciente con disfunción entre su identidad sexual y su sexualidad; mientras que otros; permiten la adaptación de las necesidades psico-sexuales del individuo a su personalidad, es decir, lograr que el travesti viva sin la carga social de la culpabilidad. Es evidente, que esta transformación, denominada travestismo, se ha convertido en una alternativa para aquellas personas que disfrutamos de la intimidad sexual con nosotras mismas, de forma heterosexual u homosexual con una pareja. Una alternativa que para muchas de nosotras ya es realidad y para otras una posibilidad. Lo que si queda claro es que en cuanto al travestismo, éste ha formado parte del desarrollo humano, de todas las razas y culturas del mundo. Grandes hombres y mujeres de la historia lo han practicado, sin dejar a un lado las responsabilidades que los han marcado como líderes sociales, culturales y militares de la historia de nuestro planeta. Finalmente, si el Travestismo es visto por usted como algo bello o algo abominable, debe darse la oportunidad de entenderlo, y saber así, de que manera enfrentarlo si por causas de la vida se presenta en su camino.

 

 

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